Sentido
común y poco común
La
explosión tecnológica de los últimos 100
años se atribuye al conocimiento científico y
ello puede ser cierto, aunque los ámbitos intelectuales
de una y otra disciplina parecieran ser diferentes. Porque históricamente
la tecnología precedió y prescindió de
la ciencia, si entendemos la primera como el arte de producir
objetos útiles y a la segunda como productora de ideas
y explicación de los fenómenos. La tecnología
no requiere de teorización ni comprensión, vitales
para la ciencia y se conforma con el uso metódico y repetitivo
del sentido común. Contrariamente a Huxley, quien opinaba
que un entrenado sentido común era suficiente para la
ciencia y de Whitehead que consideraba al sentido común
base del pensamiento científico podemos hoy decir que
el sentido común, aunque necesario no es suficiente para
la ciencia. La teorización de la ciencia requiere de
anticipaciones conjeturales y predictivas, verificación
o falsificación (Popper) donde el requisito sea el ejercicio
de un sentido poco común (Wolpert). Es cierto que la
ciencia ordinaria se maneja casi exclusivamente con el sentido
común, pero de acuerdo a Kuhn la ciencia extraordinaria
de los grandes descubrimientos y transformaciones a nuevos paradigmas
requiere de un sentido poco común. Y es por ello que
no abundan los grandes descubrimientos. El sentido común
es patrimonio de millones de seres humanos y de cientos de científicos
pero el poco común escasea.
Si se aceptan las explicaciones de la tecnología como
una disciplina que no requiere hipótesis ni teorización
y que adapta su existencia a fines prácticos y de que
la ciencia es dependiente de teorías y persigue el conocimiento
último podemos afirmar que las evidencias de las asincronías
entre ambas disciplinas son muchas y obvias.
Ciencia
de lo concreto y ciencia de las ideas
Algunos piensan que la ciencia se inició con la necesidad
del ser humano de resolver sus problemas de relación
con el ambiente. La solución fue la invención
progresiva y compleja de instrumentos, desde la aparición
paleolítica de las herramientas manuales de piedra por
los australopitecinos en Africa hace 2 millones y medio de años.
Pero los métodos para la simple solución de estos
problemas, aunque demuestren alguna similitud a los de la ciencia,
sobre todo en la corrección del error luego de una prueba,
no representan ciencia realmente porque no existe allí
pensamiento abstracto, generalización, formación
de hipótesis ni explicación de los fenómenos.
Observa Howard Gardner en su clásica obra "The Unschooled
mind" que el niño pre escolar, mediante el error
y la prueba, realiza lo que más se parece a los métodos
de la ciencia que la escolarización posterior destruye.
Los artesanos y agricultores de hoy en nuestros países
atrasados, que resuelven sus problemas y carencias con ingenio
y manualidad usando los mismos métodos de observación
y prueba, sin que nos atrevamos a insinuar el carácter
científico de sus actos, como se atreviera a postular
el propio Levi Strauss para lo mismo en la era neolítica.
Pero la gran paradoja, planteada por el afamado antropólogo
gálico es la pregunta de por qué quedó
ese espacio silencioso para la ciencia entre la revolución
neolítica y la ciencia moderna. La explicación
es que existirían 2 modos de pensamiento, la ciencia
de lo concreto y la ciencia de las ideas, es decir lo que hoy
entendemos por tecnología y ciencia. La tecnología
continuó y perduró pero la ciencia, a pesar de
haberse delineado sus bases filosóficas con los griegos
de la costa anatólica, debió esperar su propia
revolución.
El origen del pensamiento científico
Es
difícil determinar los orígenes del pensamiento
científico por la dificultad en acordar definiciones
de aceptación universal. Podríamos aventurar con
Popper el riesgo de que el concepto sea netamente filosófico,
(pero acaso no es la ciencia una forma de filosofía ),
y que la disociación en los argumentos de lo mítico
y la racionalidad podría indicar el inicio de la ciencia.
Es probable que los filósofos pre socráticos hayan
intuido el pensamiento científico pero la revolución
ocurrió 2000 años más tarde (Collins).
Notablemente los filósofos del siglo 6 antes de Cristo
de la escuela iónica, con su visión cosmológica
y claramente separando lo mágico de lo racional, inventaron
aventuradas hipótesis y teorías que establecieron
para siempre las bases del pensamiento científico como
apriorístico y predictivo. Esta anticipación de
la ciencia moderna contradice el muy posterior mito baconiano
de la observación como el primer paso del proceso científico
y de la idolatría del método inductivo por los
posteriores positivistas, escuela hoy en desuso en la ciencia
seria.
Tales de Mileto fue el primero que intentó explicar objetivamente
la naturaleza prescindiendo de los mitos La fabricación
teórica de Anaximandro basada en un pensamiento claro
y racional de que la tierra se mantiene estable en el universo
sostenida por igual equidistancia predice la teoría de
la gravitación de Newton y la redondez de la tierra.
La genial concepción de Heráclito de la realidad
como proceso en flujo permanente no ha sido rebatida. Parménides
creo el sistema hipotético-deductivo tan caro a los métodos
actuales de investigación científica. No hay técnica
ni producción de objetos en esta ciencia filosófica.
Numerosos instrumentos fueron creados posteriormente para demostrar
y refutar estas teorías. Acá la ciencia indujo
a la producción tecnológica.
La denominada revolución científica ocurrió
entre 1500 y 1600 y fueron Descartes y Bacon sus figuras teóricas
visibles en las ciencias matemáticas y empíricas.
Bacon fue más exitoso como filósofo que como científico.
Pero mucho antes el ibérico islámico Averroes,
excluyó de la discusión racional las cuestiones
de fe y del espíritu. De esta manera fundó las
bases del pensamiento universitario medieval escolástico
cuyos grandes teólogos empecinaron su inteligencia en
explicar racionalmente la imposibilidad racional de la religión
y sus dogmas.
Interacción
entre Tecnología y Ciencia
Los logros de la tecnología por los hombres antiguos
fueron variados e importantes. No pretendamos disminuir su valor.
Pero ellos no basaron sus inventos en la ciencia. No existe
evidencia de teorización en el desarrollo de la tecnología
ni que hubo interés en desentrañar el conocimiento
de los mecanismos de su funcionamiento ni la razón de
las causas últimas. Los cerebros humanos fueron modelados
por los mecanismos darwinianos de selección natural para
sobrevivir en ambientes complejos dice Wolpart, y acá
la ciencia no juega ningún rol. El ser humano se ha adaptado
y sobrevivido gracias a la técnica y no a la ciencia.
El hombre ha logrado acelerar sin embargo el progreso con la
ciencia, expandir su visión cósmica del universo,
facilitar las bases teóricas de futuras técnicas
y hacerla a éstas modernamente más dependiente
de la ciencia. Por eso hoy se han imbricado los roles y los
campos siendo cada vez mas difícil distinguir la ciencia
de la técnica.
La interacción entre tecnología y ciencia es históricamente
innegable pero anteriormente raras veces fue necesaria la ciencia
para los inventos artesanales tecnológicos. El mismo
Galileo, uno de los iniciadores del pensamiento científico,
afirmaba del creador del telescopio que éste fue un simple
artesano constructor de anteojos, que por azar miró a
través de dos lentes una cóncava y otra convexa
y encontró así el sorprendente resultado, sin
realmente entender los principios. Muchos de los grandes puentes
del mundo y las famosas catedrales europeas fueron realizadas
por artesanos e ingenieros sin recurrir o prescindiendo de la
ciencia.
Así como la tecnología muchas veces prescinde
de la ciencia, la ciencia puede prescindir de la tecnología,
usándola como instrumento pero nunca como fin. Einstein
diseñó su insondable cosmología con la
invención mental de osadas teorías que posteriormente
instrumentos observacionales se encargaron de confirmar. Las
teorías, decía el, se las inventa, no nacen de
los hechos de observación, ni del uso de la técnica,
le agregaríamos.
Pero la confusión entre ciencia y tecnología fue
histórica. Si bien Galileo tenia clara la idea de la
diferencia, Francis Bacon, por supuesto no del nivel intelectual
ni científico del anterior, las confundía al afirmar
que el mejoramiento de la mente del hombre (la ciencia) y de
sus pertenencias o artefactos (la técnica) son la misma
cosa.
II-Ciencia y Tecnología: Ciencias duras y blandas , Ciencias
puras y aplicadas, ciencias básicas o clínicas
Dr
Antonio L. Cubilla
En
este siglo del relativismo cultural pareciera no importar la
validez de las jeraquías o niveles de investigación
que han clasificado a las ciencias en puras o aplicadas, duras
o blandas y en biología y medicina en básicas
o clínicas. Es más, los practicantes científicos
de los distintos niveles reclaman para su nivel la máxima
estatura científica desdeñando a los otros como
de menor jerarquía.
El alejamiento a lo inteligible pareciera ser un criterio principal
de separación. Sin embargo en los dominios de la ciencia
se admite como requisitos la corroboración, la verificabilidad
o falsación y la reproducción de la idea de una
manera experimental. Las ciencias físicas o matemáticas
en sus límites de abstracción representan las
ciencias duras y las disciplinas sociales y económicas,
en sus vaguedades y dificultades experimentales, las blandas.
Las ciencias naturales y biológicas se encuentran en
un incomodo medio, siendo consideradas blandas por los investigadores
de la primera y duras por los de la segunda. Y en el mismo campo
de la biología y de la medicina, existe el amplio espectro
de las ciencias básicas, las clínicas, las sociales
y las aplicadas o tecnológicas.
Genéricamente los investigadores biológicos consideran
a las ciencias básicas como puras o duras y a las ciencias
clínicas y sociales como blandas o aplicadas. Los criterios
utilizados para esta separación bastante arbitraria pero
tradicional radica en la posibilidad experimental animal en
las ciencias básicas y en tal imposiblidad por razones
de ética en las clínicas. Es así que la
medicina y biología experimental animal floreció
y produjo una enorme cantidad de nueva información extrapolable
o no a la situación humana. Sin embargo, nuevas técnicas
de estudios in vitro, de precisión y localización
inmunológicas, de amplificación y manipulación
de material genético y la factibilidad de estudios en
tejidos embrionarios extraídos por abortos espontáneos
o provocados permite el uso quasi experimental de materiales
humanos. El limite previamente preciso entre la investigación
animal y humana es hoy difuso permitiendo que los estudios clínicos,
considerados ciencias blandas en biología, sean considerados
jerárquicamente como ciencias básicas o duras.
El limite se alcanzó con la introducción muy reciente
de los estudios de física en la biología, abriendo
un nuevo campo ultrareduccionista pero promisorio de investigación.
El extremo de imbricación de los campos de investigación
ocurrió cuando se combinó las ciencias sociales
de la medicina , la epidemiología o estudio de poblaciones
enfermas, con la genética y los estudios laboratoriales:
Estos campos de estudios se denominan genética poblacional
y epidemiología metabólica o molecular. Es decir
se ha oscurecido los límites entre las ciencias blandas
y duras en medicina. Y por ello ha sido y sigue siendo injusto
considerar a las ciencias clínicas como de menor valor
o jerarquía que las básicas, asumiendo que aquellas
deben necesariamente validarse en estas últimas.
Existen importantes situaciones de descubrimiento científico
no fácilmente catalogables desde el punto de vista estrictamente
conceptual en las áreas básicas o clínicas,
es decir puras o aplicadas. El ejemplo seria la identificación
original de una nueva enfermedad utilizando datos clínicos
o morfológicos, que pueden valerse de técnicas
laboratoriales u observaciones para su obtención. El
descubrimiento se realiza sin embargo por un acto teórico
o hipotético de abstracción y conceptualización
holística de fenómenos substanciados por la observación
o el experimento, independiente de sus partes y de la técnica
utilizada y no persiguiendo otro fin que avanzar el conocimiento.
Esto es verdadera ciencia no aplicada; sin embargo por ser de
nivel puramente clínico no suele catalogarse este hecho
como ciencia básica, a menos que se recurra a procedimientos
reduccionistas de biología molecular para una validación
adicional. En mi opinión este descubrimiento se encuadra
en la ciencia pura y no en la aplicada a pesar de su carácter
netamente clínico porque nace de una abstracción
teórica y no se relaciona con la utilidad inmediata.
Ahora, una vez reconocida la entidad como única y diferente
a otras, se podrán agrupar características que
tengan relación por ejemplo con mal pronostico para establecer
tratamientos más agresivos. Este componente de los estudios
representa ciencia aplicada por que es útil. Y de esta
manera se relacionan la ciencia con la técnica.
En el centro del conflicto, incólumes a los vaivenes
de las modas y del advenimiento de nuevas técnicas cada
vez mas reduccionistas, se mantienen las ciencias morfológicas
clásicas como la paleología o paleopatología,
la evolución, la anatomía, la botánica,
la embriología, la patología, la histología
y la citología. Algunas de estas disciplinas, que en
el siglo pasado fueron consideradas de investigación
básica, hoy han "bajado" a la categoría
de ciencias clínicas, supuestamente menos rigurosas para
la comprensión de la naturaleza. Es que ellas, con sus
inequívocas regularidades y poco reductibles observaciones
ya son la comprensión de la naturaleza y ello genera
envidia en los investigadores moleculares. Es probable que este
enfoque reduccionista sea erróneo y con ello se esté
perdiendo la oportunidad de seguir contribuyendo originalmente
en áreas consideradas agotadas. Porque con la incorporación
de nuevas técnicas y métodos los legados del pasado
pueden ser reinterpretados, mejorados, ampliados. Es cierto
que las investigaciones morfológicas requieren de menos
tecnología y que hoy desentrañar sus misterios
se hace bastante difícil porque ya la observación
por si misma no es suficiente sino requiere correlación
con otros factores que casi nunca son morfológicos sino
químicos o físicos o matemáticos. Pero
acaso no es eso la investigación científica, la
eterna búsqueda de metáforas interdisciplinarias?
En medicina y biología, la verdadera ciencia consiste
en la creación de hipótesis y teorías que
permiten interpretar los misterios pre existentes y ocultos
de la naturaleza y no interesa que el nivel de investigación
sea muy general, particular o ultrareduccionista. Tampoco importa
si los mecanismos para alcanzar esta verdad han sido puristamente
científicos o tecnológicos. Las diferencias en
biología entre las ciencias básicas y clínicas
son artificiales: la mera identificación por primera
vez de una nueva enfermedad, con sus características
epidemiológicas, clínicas, patológicas
y moleculares se ubica mas allá de esta clasificación
e incluye áreas de las ciencias sociales, morfológicas
y moleculares fisico químicas. Es decir una enfermedad
puede descubrirse por sus características clínicas
diferentes a otras y luego validarse con los demás elementos
y el hallazgo podrá clasificarse como de ciencia clínica
aunque obviamente no será una ciencia aplicada. Si el
descubrimiento fue molecular, mucho menos probable a pesar de
la moda de la disciplina, sin embargo se la tipificará
como de investigación pura o básica, aunque el
fenómeno mental para la abstracción, construcción
holística de la idea y creación de la entidad
haya sido filosóficamente el mismo.
Muchas veces es difícil determinar el significado y valor
de los niveles de realidad y existe un sesgo hacia las propias
disciplinas. Es probable que todos los niveles sean igualmente
válidos, pero el rigor de la regularidad es decir la
repetividad de los fenómenos de manera predecible y similar,
puede ser mayor en algunos niveles que en otros. También
es probable que la diferencia sea mas bien la dificultad para
describir o medir las observaciones o los experimentos lo que
es mas fácil en algún nivel que en otro por sus
propias características que puede variar en el futuro
con nuevas interpretaciones. La dualidad ciencia tecnología
no es suficientemente equiparable a la dualidad investigación
básica y clínica y tampoco son necesarios homólogos
de la dualidad ciencia pura y aplicada, por lo menos como se
la entiende en los ámbitos de las ciencias medicas y
biológicas.
Sugerimos simplificar la interpretación de las disciplinas
con la concepción más clásica de ciencia
pura como aquella que persigue solamente el conocimiento y es
independiente del nivel jerárquico en que se realiza,
y las ciencias aplicadas y las técnicas a las que se
relacionan con la utilidad.
Los
fines de la ciencia
Se puede afirmar que raras veces es la tecnología por
si misma la que descubre los grandes misterios de la ciencia,
sino las anticipaciones teóricas predictivas. La tecnología
sí suele ser importante instrumento para el proceso de
observación, verificación o refutación
de las ideas y formar parte casi inseparable de la ciencia moderna.
Pero desde el momento que la tecnología pudo ser patrimonio
de personas comunes ingeniosas y de sentido común sin
estudios especiales ni pretensiones de conocimiento, tampoco
importoó a sus creadores la estima de sus semejantes,
la inmortalidad de sus invenciones o que su nombre sea identificado
con el logro. Numerosas contribuciones tecnológicas son
innominadas y nada sabemos de sus inventores. Modernamente sin
embargo, debido a la utilidad y valor de mercado de un producto
tecnológico sus inventores han encontrado en la patente
un mecanismo de asegurar primacía, pero no para buscar
la estima publica sino su valor económico. Y los modernos
técnicos, mercaderes y comerciantes asuelan las grandes
universidades del mundo o los institutos de investigación
con la esperanza de cerrar un negocio con algún científico
cuyas ideas teóricas pudieran contener un potencial de
transformación tecnológica rentable. Y algunas
corporaciones comerciales atraen con grandes salarios a científicos
de nombre o potencial para distraer sus investigaciones básicas
hacia el foco de la posibilidad rentable. Anteriormente los
artesanos o tecnólogos de la época hacían
lo mismo al asociarse en fraternidades, colegios o gremios,
donde el sistema educativo era el de aprendiz, y los secretos
de las técnicas eran celosamente guardados en la cofradía,
anticipando su valor o precio en el mercado.
Todo lo contrario ocurre con los verdaderos científicos
cuya ciencia es un ejercicio intelectual y su objetivo avanzar
el conocimiento sin focalizar sus estudios en la inmediata aplicabilidad
ni mucho menos en la rentabilidad de sus hallazgos. El científico,
contrario al tecnólogo, no patenta su creación,
ni la guarda en secretas formulas, sino que la somete tan pronto
como pueda a la evaluación critica de sus pares y publica
en revistas prestigiosas con el solo objetivo de dar a conocer
desinteresadamente, desde el punto de vista económico,
sus descubrimientos. El busca el reconocimiento y la estima,
la fama y la inmortalidad a través de sus obras. Y en
ello se parece al creador humanístico y literario mucho
mas que al tecnólogo. Esta visión clásica
por supuesto está cuestionada desde Kuhn y Fayeraband
por la corriente postmodernista que afirma la falta de altruismo
en la investigación científica y por su inter
dependencia con las fuerzas sociales y políticas (Rorty,
Barnes, Bloor).
Las
motivaciones subyacentes en ciencias y tecnología son
tambien diferentes. El objetivo esencial de la primera y su
producto final es una idea, una explicación, una publicación
científica, en la otra la producción de un artefacto
o una obra instrumental de acuerdo a la necesidad del momento.
Sin embargo algunas creaciones tecnológicas anteceden
o son causa de su uso posterior porque su creador no anticipo
totalmente el potencial del artefacto o porque modificaciones
posteriores lo transformaron y extendieron su utilidad. Pero
siempre la valoración del éxito tecnológico
esta dado por su necesidad y utilidad. En América no
apareció la rueda hasta la colonia porque no había
caminos y no existían animales grandes domésticos
de carga capaces de transportar pesos pesados.
Muchos científicos también desean la utilidad
de sus ideas, sobre todo aquellas con potencial de altruismo
universal, pero las mas de las veces el científico no
conoce ni puede explicar el alcance de sus descubrimientos,
y no le interesan los métodos que utilizó, de
la misma manera que el poeta no desea o no puede explicar sus
poemas. Pero serán otros quienes encontraran su utilidad
y generalmente muchos mas tarde, a veces siglos mas tarde. De
ahí el gran valor de los legados históricos de
los científicos. Una teoría válida y útil
puede hibernar latente y oculta en la historia. Pero la máxima
valoración de la ciencia por los científicos es
la modesta pretensión de una correspondencia temporal
de sus ideas con la realidad.
Oct
11, 2000