Ciencia y Tecnología: I- Diferencias conceptuales e históricas.

Conferencia de ingreso en el "Ciclo de Conferencias 2000" de la Sociedad Cientifica del Paraguay, 5 de diciembre del 2000.

La asociación de la ciencia con la tecnología es reciente y la complejidad en la interacción moderna de las disciplinas ha obscurecido sus verdaderos limites al punto de existir la creencia que son la misma cosa. Y esta confusión es a expensas de la ciencia, cuya esfera netamente intelectual y alejada de la práctica, el desarrollo y el mercado, ámbitos naturales de la tecnología, no ha podido contrarrestar el malentendido. En nuestro país se confunde las áreas cuando el premio de Ciencias prioriza las áreas sociales o los meritorios logros tecnológicos e informáticos y olvida la Ciencia. La Comisión de Ciencias y Tecnología está conformada predominantemente por miembros de las áreas tecnológicas profesionales, asumiendo tácitamente la identidad de los 2 campos o la inexistencia del otro. Creemos sin embargo que las 2 disciplinas son diferentes en su concepción, logros y origen histórico. Existen distintas interpretaciones y definiciones pero para nosotros técnica y tecnología representan el mismo fenómeno conceptual.

 


Sentido común y poco común

La explosión tecnológica de los últimos 100 años se atribuye al conocimiento científico y ello puede ser cierto, aunque los ámbitos intelectuales de una y otra disciplina parecieran ser diferentes. Porque históricamente la tecnología precedió y prescindió de la ciencia, si entendemos la primera como el arte de producir objetos útiles y a la segunda como productora de ideas y explicación de los fenómenos. La tecnología no requiere de teorización ni comprensión, vitales para la ciencia y se conforma con el uso metódico y repetitivo del sentido común. Contrariamente a Huxley, quien opinaba que un entrenado sentido común era suficiente para la ciencia y de Whitehead que consideraba al sentido común base del pensamiento científico podemos hoy decir que el sentido común, aunque necesario no es suficiente para la ciencia. La teorización de la ciencia requiere de anticipaciones conjeturales y predictivas, verificación o falsificación (Popper) donde el requisito sea el ejercicio de un sentido poco común (Wolpert). Es cierto que la ciencia ordinaria se maneja casi exclusivamente con el sentido común, pero de acuerdo a Kuhn la ciencia extraordinaria de los grandes descubrimientos y transformaciones a nuevos paradigmas requiere de un sentido poco común. Y es por ello que no abundan los grandes descubrimientos. El sentido común es patrimonio de millones de seres humanos y de cientos de científicos pero el poco común escasea.
Si se aceptan las explicaciones de la tecnología como una disciplina que no requiere hipótesis ni teorización y que adapta su existencia a fines prácticos y de que la ciencia es dependiente de teorías y persigue el conocimiento último podemos afirmar que las evidencias de las asincronías entre ambas disciplinas son muchas y obvias.

Ciencia de lo concreto y ciencia de las ideas

Algunos piensan que la ciencia se inició con la necesidad del ser humano de resolver sus problemas de relación con el ambiente. La solución fue la invención progresiva y compleja de instrumentos, desde la aparición paleolítica de las herramientas manuales de piedra por los australopitecinos en Africa hace 2 millones y medio de años. Pero los métodos para la simple solución de estos problemas, aunque demuestren alguna similitud a los de la ciencia, sobre todo en la corrección del error luego de una prueba, no representan ciencia realmente porque no existe allí pensamiento abstracto, generalización, formación de hipótesis ni explicación de los fenómenos. Observa Howard Gardner en su clásica obra "The Unschooled mind" que el niño pre escolar, mediante el error y la prueba, realiza lo que más se parece a los métodos de la ciencia que la escolarización posterior destruye. Los artesanos y agricultores de hoy en nuestros países atrasados, que resuelven sus problemas y carencias con ingenio y manualidad usando los mismos métodos de observación y prueba, sin que nos atrevamos a insinuar el carácter científico de sus actos, como se atreviera a postular el propio Levi Strauss para lo mismo en la era neolítica. Pero la gran paradoja, planteada por el afamado antropólogo gálico es la pregunta de por qué quedó ese espacio silencioso para la ciencia entre la revolución neolítica y la ciencia moderna. La explicación es que existirían 2 modos de pensamiento, la ciencia de lo concreto y la ciencia de las ideas, es decir lo que hoy entendemos por tecnología y ciencia. La tecnología continuó y perduró pero la ciencia, a pesar de haberse delineado sus bases filosóficas con los griegos de la costa anatólica, debió esperar su propia revolución.

El origen del pensamiento científico

Es difícil determinar los orígenes del pensamiento científico por la dificultad en acordar definiciones de aceptación universal. Podríamos aventurar con Popper el riesgo de que el concepto sea netamente filosófico, (pero acaso no es la ciencia una forma de filosofía ), y que la disociación en los argumentos de lo mítico y la racionalidad podría indicar el inicio de la ciencia.
Es probable que los filósofos pre socráticos hayan intuido el pensamiento científico pero la revolución ocurrió 2000 años más tarde (Collins). Notablemente los filósofos del siglo 6 antes de Cristo de la escuela iónica, con su visión cosmológica y claramente separando lo mágico de lo racional, inventaron aventuradas hipótesis y teorías que establecieron para siempre las bases del pensamiento científico como apriorístico y predictivo. Esta anticipación de la ciencia moderna contradice el muy posterior mito baconiano de la observación como el primer paso del proceso científico y de la idolatría del método inductivo por los posteriores positivistas, escuela hoy en desuso en la ciencia seria.
Tales de Mileto fue el primero que intentó explicar objetivamente la naturaleza prescindiendo de los mitos La fabricación teórica de Anaximandro basada en un pensamiento claro y racional de que la tierra se mantiene estable en el universo sostenida por igual equidistancia predice la teoría de la gravitación de Newton y la redondez de la tierra. La genial concepción de Heráclito de la realidad como proceso en flujo permanente no ha sido rebatida. Parménides creo el sistema hipotético-deductivo tan caro a los métodos actuales de investigación científica. No hay técnica ni producción de objetos en esta ciencia filosófica. Numerosos instrumentos fueron creados posteriormente para demostrar y refutar estas teorías. Acá la ciencia indujo a la producción tecnológica.
La denominada revolución científica ocurrió entre 1500 y 1600 y fueron Descartes y Bacon sus figuras teóricas visibles en las ciencias matemáticas y empíricas. Bacon fue más exitoso como filósofo que como científico. Pero mucho antes el ibérico islámico Averroes, excluyó de la discusión racional las cuestiones de fe y del espíritu. De esta manera fundó las bases del pensamiento universitario medieval escolástico cuyos grandes teólogos empecinaron su inteligencia en explicar racionalmente la imposibilidad racional de la religión y sus dogmas.

Interacción entre Tecnología y Ciencia

Los logros de la tecnología por los hombres antiguos fueron variados e importantes. No pretendamos disminuir su valor. Pero ellos no basaron sus inventos en la ciencia. No existe evidencia de teorización en el desarrollo de la tecnología ni que hubo interés en desentrañar el conocimiento de los mecanismos de su funcionamiento ni la razón de las causas últimas. Los cerebros humanos fueron modelados por los mecanismos darwinianos de selección natural para sobrevivir en ambientes complejos dice Wolpart, y acá la ciencia no juega ningún rol. El ser humano se ha adaptado y sobrevivido gracias a la técnica y no a la ciencia.
El hombre ha logrado acelerar sin embargo el progreso con la ciencia, expandir su visión cósmica del universo, facilitar las bases teóricas de futuras técnicas y hacerla a éstas modernamente más dependiente de la ciencia. Por eso hoy se han imbricado los roles y los campos siendo cada vez mas difícil distinguir la ciencia de la técnica.
La interacción entre tecnología y ciencia es históricamente innegable pero anteriormente raras veces fue necesaria la ciencia para los inventos artesanales tecnológicos. El mismo Galileo, uno de los iniciadores del pensamiento científico, afirmaba del creador del telescopio que éste fue un simple artesano constructor de anteojos, que por azar miró a través de dos lentes una cóncava y otra convexa y encontró así el sorprendente resultado, sin realmente entender los principios. Muchos de los grandes puentes del mundo y las famosas catedrales europeas fueron realizadas por artesanos e ingenieros sin recurrir o prescindiendo de la ciencia.
Así como la tecnología muchas veces prescinde de la ciencia, la ciencia puede prescindir de la tecnología, usándola como instrumento pero nunca como fin. Einstein diseñó su insondable cosmología con la invención mental de osadas teorías que posteriormente instrumentos observacionales se encargaron de confirmar. Las teorías, decía el, se las inventa, no nacen de los hechos de observación, ni del uso de la técnica, le agregaríamos.
Pero la confusión entre ciencia y tecnología fue histórica. Si bien Galileo tenia clara la idea de la diferencia, Francis Bacon, por supuesto no del nivel intelectual ni científico del anterior, las confundía al afirmar que el mejoramiento de la mente del hombre (la ciencia) y de sus pertenencias o artefactos (la técnica) son la misma cosa.


II-Ciencia y Tecnología: Ciencias duras y blandas , Ciencias puras y aplicadas, ciencias básicas o clínicas

Dr Antonio L. Cubilla

En este siglo del relativismo cultural pareciera no importar la validez de las jeraquías o niveles de investigación que han clasificado a las ciencias en puras o aplicadas, duras o blandas y en biología y medicina en básicas o clínicas. Es más, los practicantes científicos de los distintos niveles reclaman para su nivel la máxima estatura científica desdeñando a los otros como de menor jerarquía.
El alejamiento a lo inteligible pareciera ser un criterio principal de separación. Sin embargo en los dominios de la ciencia se admite como requisitos la corroboración, la verificabilidad o falsación y la reproducción de la idea de una manera experimental. Las ciencias físicas o matemáticas en sus límites de abstracción representan las ciencias duras y las disciplinas sociales y económicas, en sus vaguedades y dificultades experimentales, las blandas. Las ciencias naturales y biológicas se encuentran en un incomodo medio, siendo consideradas blandas por los investigadores de la primera y duras por los de la segunda. Y en el mismo campo de la biología y de la medicina, existe el amplio espectro de las ciencias básicas, las clínicas, las sociales y las aplicadas o tecnológicas.
Genéricamente los investigadores biológicos consideran a las ciencias básicas como puras o duras y a las ciencias clínicas y sociales como blandas o aplicadas. Los criterios utilizados para esta separación bastante arbitraria pero tradicional radica en la posibilidad experimental animal en las ciencias básicas y en tal imposiblidad por razones de ética en las clínicas. Es así que la medicina y biología experimental animal floreció y produjo una enorme cantidad de nueva información extrapolable o no a la situación humana. Sin embargo, nuevas técnicas de estudios in vitro, de precisión y localización inmunológicas, de amplificación y manipulación de material genético y la factibilidad de estudios en tejidos embrionarios extraídos por abortos espontáneos o provocados permite el uso quasi experimental de materiales humanos. El limite previamente preciso entre la investigación animal y humana es hoy difuso permitiendo que los estudios clínicos, considerados ciencias blandas en biología, sean considerados jerárquicamente como ciencias básicas o duras. El limite se alcanzó con la introducción muy reciente de los estudios de física en la biología, abriendo un nuevo campo ultrareduccionista pero promisorio de investigación.
El extremo de imbricación de los campos de investigación ocurrió cuando se combinó las ciencias sociales de la medicina , la epidemiología o estudio de poblaciones enfermas, con la genética y los estudios laboratoriales: Estos campos de estudios se denominan genética poblacional y epidemiología metabólica o molecular. Es decir se ha oscurecido los límites entre las ciencias blandas y duras en medicina. Y por ello ha sido y sigue siendo injusto considerar a las ciencias clínicas como de menor valor o jerarquía que las básicas, asumiendo que aquellas deben necesariamente validarse en estas últimas.
Existen importantes situaciones de descubrimiento científico no fácilmente catalogables desde el punto de vista estrictamente conceptual en las áreas básicas o clínicas, es decir puras o aplicadas. El ejemplo seria la identificación original de una nueva enfermedad utilizando datos clínicos o morfológicos, que pueden valerse de técnicas laboratoriales u observaciones para su obtención. El descubrimiento se realiza sin embargo por un acto teórico o hipotético de abstracción y conceptualización holística de fenómenos substanciados por la observación o el experimento, independiente de sus partes y de la técnica utilizada y no persiguiendo otro fin que avanzar el conocimiento. Esto es verdadera ciencia no aplicada; sin embargo por ser de nivel puramente clínico no suele catalogarse este hecho como ciencia básica, a menos que se recurra a procedimientos reduccionistas de biología molecular para una validación adicional. En mi opinión este descubrimiento se encuadra en la ciencia pura y no en la aplicada a pesar de su carácter netamente clínico porque nace de una abstracción teórica y no se relaciona con la utilidad inmediata. Ahora, una vez reconocida la entidad como única y diferente a otras, se podrán agrupar características que tengan relación por ejemplo con mal pronostico para establecer tratamientos más agresivos. Este componente de los estudios representa ciencia aplicada por que es útil. Y de esta manera se relacionan la ciencia con la técnica.
En el centro del conflicto, incólumes a los vaivenes de las modas y del advenimiento de nuevas técnicas cada vez mas reduccionistas, se mantienen las ciencias morfológicas clásicas como la paleología o paleopatología, la evolución, la anatomía, la botánica, la embriología, la patología, la histología y la citología. Algunas de estas disciplinas, que en el siglo pasado fueron consideradas de investigación básica, hoy han "bajado" a la categoría de ciencias clínicas, supuestamente menos rigurosas para la comprensión de la naturaleza. Es que ellas, con sus inequívocas regularidades y poco reductibles observaciones ya son la comprensión de la naturaleza y ello genera envidia en los investigadores moleculares. Es probable que este enfoque reduccionista sea erróneo y con ello se esté perdiendo la oportunidad de seguir contribuyendo originalmente en áreas consideradas agotadas. Porque con la incorporación de nuevas técnicas y métodos los legados del pasado pueden ser reinterpretados, mejorados, ampliados. Es cierto que las investigaciones morfológicas requieren de menos tecnología y que hoy desentrañar sus misterios se hace bastante difícil porque ya la observación por si misma no es suficiente sino requiere correlación con otros factores que casi nunca son morfológicos sino químicos o físicos o matemáticos. Pero acaso no es eso la investigación científica, la eterna búsqueda de metáforas interdisciplinarias?
En medicina y biología, la verdadera ciencia consiste en la creación de hipótesis y teorías que permiten interpretar los misterios pre existentes y ocultos de la naturaleza y no interesa que el nivel de investigación sea muy general, particular o ultrareduccionista. Tampoco importa si los mecanismos para alcanzar esta verdad han sido puristamente científicos o tecnológicos. Las diferencias en biología entre las ciencias básicas y clínicas son artificiales: la mera identificación por primera vez de una nueva enfermedad, con sus características epidemiológicas, clínicas, patológicas y moleculares se ubica mas allá de esta clasificación e incluye áreas de las ciencias sociales, morfológicas y moleculares fisico químicas. Es decir una enfermedad puede descubrirse por sus características clínicas diferentes a otras y luego validarse con los demás elementos y el hallazgo podrá clasificarse como de ciencia clínica aunque obviamente no será una ciencia aplicada. Si el descubrimiento fue molecular, mucho menos probable a pesar de la moda de la disciplina, sin embargo se la tipificará como de investigación pura o básica, aunque el fenómeno mental para la abstracción, construcción holística de la idea y creación de la entidad haya sido filosóficamente el mismo.
Muchas veces es difícil determinar el significado y valor de los niveles de realidad y existe un sesgo hacia las propias disciplinas. Es probable que todos los niveles sean igualmente válidos, pero el rigor de la regularidad es decir la repetividad de los fenómenos de manera predecible y similar, puede ser mayor en algunos niveles que en otros. También es probable que la diferencia sea mas bien la dificultad para describir o medir las observaciones o los experimentos lo que es mas fácil en algún nivel que en otro por sus propias características que puede variar en el futuro con nuevas interpretaciones. La dualidad ciencia tecnología no es suficientemente equiparable a la dualidad investigación básica y clínica y tampoco son necesarios homólogos de la dualidad ciencia pura y aplicada, por lo menos como se la entiende en los ámbitos de las ciencias medicas y biológicas.
Sugerimos simplificar la interpretación de las disciplinas con la concepción más clásica de ciencia pura como aquella que persigue solamente el conocimiento y es independiente del nivel jerárquico en que se realiza, y las ciencias aplicadas y las técnicas a las que se relacionan con la utilidad.

Los fines de la ciencia

Se puede afirmar que raras veces es la tecnología por si misma la que descubre los grandes misterios de la ciencia, sino las anticipaciones teóricas predictivas. La tecnología sí suele ser importante instrumento para el proceso de observación, verificación o refutación de las ideas y formar parte casi inseparable de la ciencia moderna.
Pero desde el momento que la tecnología pudo ser patrimonio de personas comunes ingeniosas y de sentido común sin estudios especiales ni pretensiones de conocimiento, tampoco importoó a sus creadores la estima de sus semejantes, la inmortalidad de sus invenciones o que su nombre sea identificado con el logro. Numerosas contribuciones tecnológicas son innominadas y nada sabemos de sus inventores. Modernamente sin embargo, debido a la utilidad y valor de mercado de un producto tecnológico sus inventores han encontrado en la patente un mecanismo de asegurar primacía, pero no para buscar la estima publica sino su valor económico. Y los modernos técnicos, mercaderes y comerciantes asuelan las grandes universidades del mundo o los institutos de investigación con la esperanza de cerrar un negocio con algún científico cuyas ideas teóricas pudieran contener un potencial de transformación tecnológica rentable. Y algunas corporaciones comerciales atraen con grandes salarios a científicos de nombre o potencial para distraer sus investigaciones básicas hacia el foco de la posibilidad rentable. Anteriormente los artesanos o tecnólogos de la época hacían lo mismo al asociarse en fraternidades, colegios o gremios, donde el sistema educativo era el de aprendiz, y los secretos de las técnicas eran celosamente guardados en la cofradía, anticipando su valor o precio en el mercado.
Todo lo contrario ocurre con los verdaderos científicos cuya ciencia es un ejercicio intelectual y su objetivo avanzar el conocimiento sin focalizar sus estudios en la inmediata aplicabilidad ni mucho menos en la rentabilidad de sus hallazgos. El científico, contrario al tecnólogo, no patenta su creación, ni la guarda en secretas formulas, sino que la somete tan pronto como pueda a la evaluación critica de sus pares y publica en revistas prestigiosas con el solo objetivo de dar a conocer desinteresadamente, desde el punto de vista económico, sus descubrimientos. El busca el reconocimiento y la estima, la fama y la inmortalidad a través de sus obras. Y en ello se parece al creador humanístico y literario mucho mas que al tecnólogo. Esta visión clásica por supuesto está cuestionada desde Kuhn y Fayeraband por la corriente postmodernista que afirma la falta de altruismo en la investigación científica y por su inter dependencia con las fuerzas sociales y políticas (Rorty, Barnes, Bloor).

Las motivaciones subyacentes en ciencias y tecnología son tambien diferentes. El objetivo esencial de la primera y su producto final es una idea, una explicación, una publicación científica, en la otra la producción de un artefacto o una obra instrumental de acuerdo a la necesidad del momento.
Sin embargo algunas creaciones tecnológicas anteceden o son causa de su uso posterior porque su creador no anticipo totalmente el potencial del artefacto o porque modificaciones posteriores lo transformaron y extendieron su utilidad. Pero siempre la valoración del éxito tecnológico esta dado por su necesidad y utilidad. En América no apareció la rueda hasta la colonia porque no había caminos y no existían animales grandes domésticos de carga capaces de transportar pesos pesados.
Muchos científicos también desean la utilidad de sus ideas, sobre todo aquellas con potencial de altruismo universal, pero las mas de las veces el científico no conoce ni puede explicar el alcance de sus descubrimientos, y no le interesan los métodos que utilizó, de la misma manera que el poeta no desea o no puede explicar sus poemas. Pero serán otros quienes encontraran su utilidad y generalmente muchos mas tarde, a veces siglos mas tarde. De ahí el gran valor de los legados históricos de los científicos. Una teoría válida y útil puede hibernar latente y oculta en la historia. Pero la máxima valoración de la ciencia por los científicos es la modesta pretensión de una correspondencia temporal de sus ideas con la realidad.
Oct 11, 2000

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Instituto de Patología, e Investigación