Academización extramural en medicina
      

  Históricamente la medicina académica se ha realizado en vetustas universidades y hospitales que en el hábito del ejercicio académico fueron creando su tradición intra-mural. No pocas veces este énfasis en valorar lo propio ha postergado apreciar lo ajeno. Famosas escuelas de medicina, tradiciones culturales relacionadas con una misma manera de pensar y de hacer, se han anquilosado y dejado de crecer por el empecinamiento de aceptar como de valor solamente aquello que es producción interna. Este fenómeno, con las distancias debidas ha ocurrido en el Hospital de Clínicas y la Facultad de Ciencias Médicas. He visto la negación del valor de otras instituciones y médicos de obvia excelencia por el solo hecho de no pertenecer al staff de dicho hospital. Es práctica rutinaria descalificar todo trabajo realizado fuera como no académico, sin interesar su universalidad con el mero argumento geográfico de su realización extra-mural.
 

Docencia e Investigación médica fuera de los muros de la universidad

Instituciones privadas médicas como refugio

Los mismos reglamentos descalificaban el aporte investigativo de personas, materiales o pacientes que no fueran de la propia institución y especialmente privadas de práctica donde meritorios profesionales de nivel académico sólido buscaron refugio al ser dificultadas sus aspiraciones de elección y promoción en las instituciones universitarias de rígida tradición medieval. Pero lo académico tiene que ver con la enseñanza y la capacidad para generar nuevo conocimiento mediante su principal instrumento la investigación científica. El fenómeno es personal más que institucional dado que se relaciona con la cualidad del individuo de poder realizar esas actividades y su formación previa adquirida en instituciones académicas del extranjero.
Las instituciones universitarias médicas del país no cumplen la principal misión de avanzar y no repetir el conocimiento. Sus reglamentos y costumbres no favorecen la creación de ambientes inquisitivos críticos esenciales para el cumplimiento de dicho fin. Tampoco facilitan la incorporación de personas valiosas con potencial académico moderno. O cuando las incorporan no las valoran manteniéndolas marginadas sin posibilidad de desarrollar el potencial. Nuestra sociedad médica esta disgregada y sus valores humanos dispersos en ambientes públicos y privados de heterogénea composición.

Médicos valiosos en la práctica profesional

El aspecto positivo es que las personas académicamente valiosas existen y son numerosas pero principalmente ocupadas en la digna función profesional asistencial de la medicina privada o pública no académica. La rigidez reglamentaria universitaria y el consecuente atraso y mediocridad han devenido en la paradoja de la existencia de un mayor número de médicos académicamente valiosos fuera de la universidad. Afortunadamente se percibe aires de cambio en la FCM con nuevas autoridades elegidas intuyéndose una posibilidad de corrección de la anomalía educativa. Pero una realidad es que la disponibilidad de valores académicos no será posible en la universidad en la medida deseable por los compromisos y decisiones de por vida que muchos profesionales han asumido ante las dificultades institucionales anteriormente apuntadas. Es decir estos médicos ya no podrán incorporarse a la nueva facultad de medicina con facilidad y aquellos que ya son miembros no podrán realizar un cumplimiento de tiempo completo por sus actividades en la práctica privada.

Trabajo extra mural académicamente válido

Una solución imaginativa al problema es que la FCM establezca al trabajo extra mural como académicamente válido incorporando formalmente al quehacer académico a médicos de valía que realizan práctica en instituciones de infraestructura tecnológica igual o superior a la propia facultad de medicina. Estas personas y las instituciones mayoritariamente privadas se enriquecerán al perseguir la excelencia y formar parte de altruistas objetivos educacionales e investigativos pudiendo además colaborar económicamente para el cumplimiento de los programas. Los médicos inclinados hacia la docencia y la investigación ya no tendrán que acudir al hospital central universitario realizando su función en la clínica o el sanatorio privado. Su trabajo en un solo lugar será mas eficiente. La facultad de medicina deberá nombrar como instructores o profesores a estos médicos de acuerdo a su currículo de manera automática y sin trámites burocráticos. Un médico de reconocida trayectoria profesional o excelencia técnica y que esté dispuesto al desafío deberá ser nombrado de entrada en los cargos más altos de profesor aunque éste sea su primer nombramiento. La institución privada deberá apoyar el programa organizando lugares de estudio e investigación y bibliotecas médicas modernas así como adecuando los excelentes archivos administrativos con que habitualmente cuentan para apoyo de actividades de investigación clínica. Deberá además gestionar fondos especiales para las investigaciones de sus docentes. Estudiantes y residentes en pequeños grupos rotarán por un tiempo en estas instituciones bajo la supervisión de aquellos médicos de valor. De esta manera esta institución extra mural mejorará su calidad de atención y enriquecerá su reconocimiento social. Esta solución al problema de la orfandad institucional académica permitirá al país utilizar sus mejores valores y equipamientos médicos sin interesar el sitio geográfico donde éstos realizan su misión, sobre todo cuando la acción educativa se realiza con el cumplimiento riguroso de los fines de la universidad. El enfoque puede ser temporal o definitivo y por supuesto no descarta el ideal académico de la aparición de una gran institución de enseñanza e investigación médica pública o privada que cuente con valores humanos de excelencia trabajando a tiempo completo y rentados dignamente con la infraestructura tecnológica necesaria para el inicio de una verdadera tradición académica médica en el Paraguay.

29 de noviembre 2001

 

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Instituto de Patología, e Investigación